Por Elisa Cohen de Chervonagura
Para LA GACETA - Tucuman

Aveces, los propios hechos organizan una historia aparentemente fracturada.
"Majestuosa es la blanca montaña, que te dio por baluarte el Señor", dicen los versos del himno chileno, y otra vez desde las cumbres se nos da una lección concreta de hasta qué punto la tenacidad de la fuerza colectiva puede llegar en el afán por defender la vida.
En efecto, en 1972 fueron las nieves incandescentes de las alturas las que rodearon lo que se conoció luego como "El milagro de los Andes", cuando los 16 supervivientes del accidente sufrido por el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, fueron rescatados ya casi al borde de la muerte
Ahora estamos pendientes de los 33 mineros que, rodeados de una compacta oscuridad en lo más bajo de la tierra, se aferran a la vida mientras presenciamos estupefactos "El milagro de la mina" y esperamos un feliz desenlace
¿Qué es lo que unifica a ambos grupos, uno en las máximas alturas, el otro en las profundidades extremas?
En ambos advertimos que más que de grupos deberíamos hablar de comunidades, conformadas cuando la gente tiene una historia común, con un "nosotros" de enorme amplitud y líderes que comunican con eficiencia la asignación de roles, colaborando en la conformación de redes de comunicación interna y externa. Es entonces cuando surge un discurso entendido no solo como significado y proceso mental, sino como una estructura y jerarquía compleja de interacción y práctica social, tal como lo indica Teun Van Dijk. Por eso frente a la catástrofe, gracias a la palabra, la organización interna puede ser rápida, legítima y eficiente

Conceptos que cambian

La bibliografía clásica sobre las comunidades lingüísticas comienza con los planteos de Hockett (1958) para quien la lengua es el elemento que define una comunidad, y se va enriqueciendo luego con Gumperz (1962) cuando incorpora la importancia que tiene la frecuencia de patrones de interacción social; con Fishman (1964), quien añade la necesidad de un marco físico compartido junto con reglas de conducta comunes; con Labov (1972), para quien esas normas pueden ser observadas a través de la existencia de modelos invariables respecto a particulares niveles de uso; y con Hymes y con Halliday (1972), quienes incorporan la importancia que tiene el compartir no solo una conducta sino también los sentimientos.
Es decir que para los sociolingüistas, una comunidad se define como el marco sociocultural a partir del cual se construyen sentidos aceptados por sus integrantes. Por eso insisten en que allí hay procesos de comunicación permanentes que, lógicamente, implican conflicto, negociación y consenso que lleva a la verbalización de un lenguaje unificador. Seguramente para los mineros conceptos como "luz", "aire" e incluso "familia" no son los mismos que cuando entraron a la mina, se han ampliado y sobrevalorado luego de esta experiencia que seguramente incidió en los valores sustentados, los predicados y los rechazados
Porque desde las profundidades de la mina, el sujeto seguramente está participando dentro de esa micro-comunidad y, mientras construye relaciones sociales, organiza su discurso para permitir que el pensamiento se haga colectivo
La comunidad, entonces, es un espacio de interlocución y evidentemente la clave de la supervivencia, ya que es allí donde se va a desplegar un tejido de memorias, luchas, proyectos y reconstrucciones. Es allí donde se organizan saberes, se preserva el orden y se permite la participación de sus integrantes; es allí donde hay un lugar en el que la igualdad pasa por la posibilidad de expresar las diferencias construyéndose una base para el respeto, la dignidad y la libertad.
Qué buen mensaje el que nos están dando los mineros: uno que nos lleva a reflexionar que diariamente también vivimos situaciones extremas en las que peligra incluso la propia supervivencia. Y es entonces cuando se debe reforzar el sentido de pertenencia, buscar la fuerza de las raíces, la historia y el pasado común, pero también apelar fuertemente al sentido del devenir, ya que sin esperanzas cualquier superviviencia es imposible
Pronto tendremos entre nosotros el libro y la película. Allí nos enteraremos de muchos entretelones y detalles. Lo cierto es que hoy podemos afirmar que nadie se salva en soledad y que es fundamental confiar en la palabra del otro. Porque cuando hay palabra, hay justicia, y entonces todo es posible: vencer la desesperanza, atravesar las cumbres más heladas, subir desde los socavones minerales más calientes y pasar a la historia.
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Elisa Cohen de Chervonagura - Doctora en
Letras, profesora asociada en la Facultad de
Filosofía y Letras de la Universidad Nacional
de Tucumán. Investigadora del Conicet.